Pues otro relato para Alter Ego. Será de los últimos antes de ponerme a escribir sobre el sistema de juego. Sobre el relato de Sonia, cuando tenga tiempo lo adaptaré un guión para un cortometraje y persentarlo a un chico que conoció OZN en el Festival de Sitges. Estos días no escribiré mucho en el blog porque esta semana tengo examenes en el instituto.

El ido

La noche era fría. La lluvia continua pero débil, me ponía de los nervios. Era el típico calabobos que no llega a humedecer tus huesos pero es lo suficientemente constante para que el pelo quede mojado y pesado durante toda la misión. Al día siguiente probablemente estaría resfriado.

 

Y allí estaba yo. Tumbado en la azotea de un edificio abandonado vigilando con mi rifle de precisión al objetivo. Mi objetivo era simple, hacer que la misión no se fuese a la mierda. Para ello tendría que eliminar a nuestro infiltrado si la misión se viese peligrar.

 

Pertenezco a un grupo especial subvencionado por el país y el ejercito, sin embargo, ninguno de los dos responderá por nosotros si algo ocurre. El grupo esta formado por una base científico-militar en la que un grupo de gafas de pasta experimentan con niños que mas tarde se convierten en maquinas de matar. Después estamos nosotros, un grupo de asalto formado por un variopinto cúmulo de especialidades. Las misiones siempre tienen la misma arquitectura: se utiliza al experimento de turno para una misión de alto riesgo para ver si es apto y nosotros tenemos que ir detrás de el para matarlo si no es apto y barrer la zona.

 

El último super-niño con el que trabajaba el equipo científico parecía un espécimen bastante interesante. Según nos decían los frikis, el chico fue encontrado en un hogar de adopción. Al parecer, el niño carecía de una personalidad propia, con un carácter similar al de un autista, el joven aparentaba estar en otro mundo. No hablaba ni emitía ningún sentimiento perceptible.

 

“El ido”, como lo apodábamos los del grupo de asalto mientras lo observábamos a través de los cristales de las vitrinas, empezó a responder a varias pruebas físicas y psicológicas. A ciertos estímulos, respondía de forma brutalmente violenta sin haber si do instruido en ella. Su velocidad se veía ampliada tres veces a la y su fuerza era cuatro veces mayor. Su inteligencia despertaba de forma prodigiosa y sus sentidos no tenían escala en la que medirlos. Este estado “berserker” fue controlado mediante implantes de última tecnología. Ahora los batas blancas podían activar la furia de esta bomba de odio cuando quisiesen.

 

Llegó el día en el que “El ido” estaba en su puesta a punto y necesitaba pasar la prueba. Su misión era recuperar unos datos de gran interés para el país que se encontraban en una base secreta de un país tercer mundista. Allí nos dejaron a los demás para besarle el culo al Ido y limpiárselo a los gobernantes si todo fuese mal.

 

“El ido” impresionó incluso durante la misión. Se infiltró por las instalaciones de una manera prodigiosa y aniquilaba a quien le molestaba de una forma rápida, sencilla y silenciosa. Consiguió la información y salió del edificio andando. Lo pude ver a través del objetivo. “El ido” debió percatarse de que le observaba y se giró hacia mi. Me miró, levanto la mano y me sonrió, “algo malo iba a pasar”. Comuniqué el movimiento del ido por radio y obtuve la orden de liquidarlo, sin embargo cuando volví a centrar la mirada en “El ido” ya se había esfumado del lugar.