Son las 4 de la mañana y aquí uno no pega ojo. Asi que me voy a poner a contaros un poco mi viaje a Laredo esta pasada semana.

El pasado miercoles estaba previsto que me fuera con unos amigos de clase a Laredo. Una de mis amigas tenía una parcela alquilada allá y sus padres nos prestaron amablemente el alojamiento que no estaba nada mal para ser un camping. Los pronósticos no eran muy buenos. Me veía en modo “sujeta-velas”, la climatología iba a darnos lluvias durante todo el viaje y yo todavía no sabía que coño era un camping.

Para el viaje decidí llevar el Popcorn Hour A-110 para vernos unas películas en algún tiempo muerto que tuviesemos. Asi que me tiré una semana antes bajando películas sin parar como un desgraciado, descargando día y noche, revisando cada hora que se había terminado de completar para poner más y más. Llegó el día, metí ropa en una bolsa de deporte, el Popcorn, sus cables, un libro por si acaso y ganas de fiesta.

El viaje se hizo bastante corto. Salimos de Logroño en un coche a la hora acordada y en dos horas nos plantamos en Laredo. Un lugar que me recordaba a Salou irremediablemente. El día estaba nublado pero no tenía pintas de echarse a llover. El sol asomaba de vez en cuando con violencia y decidimos que una vez desempaquetado todo y hacer la compra, nos daríamos una vuelta por la playa.

La compra la hicimos en un hipermercado bastante pequeño cercano al camping en el que nos dejamos la friolera de 135€ para pasar 3 días en Laredo para 4 personas. Lo peor de todo es que tuvimos que volver el último día a comprar mas provisiones. He aquí una foto de los hechos:

hiewcn138xvtp8boi8b0Volvimos al camping con la compra. El sitio estaba vacio. El mal tiempo y el final de la Semana Santa había espantado a todo el camping y nosotros junto a dueño, eramos los único residentes. Si el camping estaba vacio, supusimos que habría poca fiesta ese mismo día por la noche. Decidimos, antes de cenar, dar un paseo por la playa. El mar no estaba como para bañarse y nos tumbamos un rato por allá tirados a la bartola.

Por la noche cenamos un intento de mejicano que no resultó tan malo como aparentaba aún habiendonos equivocado de salsa. Luego sacamos juegos para pasar el rato mientras bebiamos y haciamos tiempo hasta la hora de salir. Entre los diferentes “Ocalimochos” que se llevaron por parte de la “peñita” (que así pasó a llamarse el colectivo) había uno demasiado engorroso de jugar si no deseabas que eso terminase siendo una orgia grecoromana, a la cual tuve que negarme a jugar día sí y día también. Gracias a Dios ese juego nunca se llevó a cabo.

Una vez entonados marchamos caminando hasta la zona de fiesta de Laredo, la cual nos pillaba a más de una hora de camino. Por el camino nos encontramos un Cristo esculpido en arena al cual fotografiamos con gran gozo y alegria y que mas adelante estuve deseando encontrarme y destrozarle la cara al enterarme que no había fiesta en Laredo y que después de caminar durante más de hora y media me quedaba otra hora y media de regreso hasta el camping con la “peñita”.

gjx02hi829nc6hlbvap40Cabe destacar que esa misma noche, mientras estabamos en el camping, conocimos al que apodé cariñosamente “Auschwitz”, el calentador-estufa que había para calentarnos en el comedor a base de bombona de butano. El aparato olía a gas que tiraba para atrás y yo no dudaba en que en algún momento quedaríamos dormidos y caminando para la otra vida esa misma noche.

Querido Auschwitz

Querido Auschwitz

La caravana en la que dormimos tampoco se libró. Mi paranoia hacia la muerte siguió creciendo y mientras dormiamos en las camas pude observar el calefactor a base de resistencias que tenía la caravana que apodé “Rumaneiser” en honor a lo enclaustrada que parecía la caravana con la “peñita” dentro. Cada cierto tiempo, la Rumaneiser hacía ruido y desprendía un olor incomodo. Estaba predestinado a morir en aquel camping. Al día siguiente descubrí que había un ambientador temporizado cada 6 minutos que hacía el “ruido infernal” y daba aquel olor tan asqueroso que hacía preocuparme.

Las vacaciones pasaron sin mucho que hacer. Dormir, comer, dormir, cenar, cagar y beber. Mas o menos así resumí mi estancia por Laredo hasta el viernes por la noche conocimos la noche de fiesta de Laredo. Otro evento importante del viaje fue a la hora de montar el Popcorn para estrenarlo allá. Días antes tuve que comprar un cable para poderlo en el televisor de la caravana por el que me soplaron la friolera de 10€. Monto el cacharro, voy a darle al play pero el mando…..¿Dónde coño esta el mando?…..me lo he dejado en Logroño. Resulta que sin el mando del Popcorn no puedes hacer nada porque el aparato en si carece de botones para moverte por los menús. Tanto trabajo para no poder ver películas en Laredo.

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En la chupitería de Laredo

Nos lo pasamos genial por la zona de fiesta. Estuvimos en un par de bares donde se podía ver el ambiente del lugar, que aunque no estaba abarrotado, tenía sus personajes por allá. Lo que mas nos gustó fue la chupitería. Allá estuvimos invitando a desconocidos, conociendo a las dueñas del local, nos lo pasamos “canela en rama” (otra de las frases del viaje). La noche terminó y volvimos para el camping en un taxi no sin antes quedarme encerrado en un baño del cual no pude salir hasta que llamé a mis amigos y me sacaron de allá.

El sábado salimos bastante pronto de Laredo y paramos en Bilbao para comer. Allá entramos en un centro comercial y nos echamos las risas. Decidí campar a mis anchas con una corona del Burger King. En una de estas, entramos en una tienda de collares y anillos porque las chicas querían comprar regalos y me pongo a probarme uno de los anillos de la tienda. Total que voy a quitarmelo y que no puedo. Venga a intentarlo y nada. Al final tengo que llamar a un amigo para que me eche una mano y conseguimos sacar a duras penas el anillo del dedo, no sin antes quedarme con el precio del anillo en el dedo. Todo esto con la corona del Burger King puesta. Una instantanea del rídiculo momento:
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Pues esto a grandes rasgos ha sido el viaje a Laredo. Unas vacaciones que han terminado siendo mejor de lo que esperaba y que se esta mirando para repetir en verano o el año que viene. A ver si esta vez se anima más gente.