Hoy he dado mi última clase como profesor particular. Durante el verano se me planteó la oportunidad de dar clase a dos chicas que cursaban la E.S.O. y para ofrecer apoyo de esas asignaturas no hay que ser un cerebrito. La verdad es que al principio tenía miedo porque nunca he sido un buen estudiante y mis recuerdos sobre asignaturas de aquel entonces no eran muy frescos. No mas lejos de la realidad, el problema se fue como vino. Las asignaturas de las estudiantes me parecían sencillas y no había ningún problema en explicarles cualquier ejercicio ya que los libros explicaban muy bien los métodos a seguir.

Durante este periodo de tiempo, he conseguido llevar una rutina en mi vida bastante estricta. Levantandome a las 9 de la mañana, dar clases y luego ir al gimnasio antes de comer. Si no hubiese aceptado el trabajo, probablemente me hubiese pasado el verano durmiendo, con cero euros y con 5 kilos más. Lo peor de todo es que hace dos semanas me lesioné la muñeca jugando al futbol y el gimnasio lo he tenido que aparcar durante ya 2 semanas y media.

De las niñas no me puedo quejar. Las clases eran amenas, me contaban sus cosas y yo flipaba en colores con como esta el tema entre los jóvenes de hoy en día. Si esto no cambia pronto, España producirá borregos jóvenes en serie.

Me hubiese gustado continuar dando clases de apoyo durante el curso pero me va a ser imposible ya que tengo clases por las tardes y prácticas por la mañana. Hubiese sido una fuente de ingresos importante para buscar la independencia y poder vivir sólo en algún piso alquilado.

A ver si el verano que viene puedo dedicarme a lo mismo que nunca viene mal tener un dinero extra.